"Mientras preparaba su ensayo, Zadie Smith
escribió a algunos amigos escritores y, tras prometerles
mantener en secreto sus nombres, les preguntó cómo
juzgaban su propio trabajo. Uno de ellos convirtió su sencilla
pregunta en una cuestión más interesante: "Querida,
siempre he pensado en lo fascinante que sería preguntarles
a los escritores vivos: 'Sin pensar en los críticos, ¿dónde
crees que flojea tu escritura? ¿Cómo soñabas
que sería el libro antes de que fuera escrito? ¿Cuáles
eran tus mayores esperanzas? ¿Cómo dejaste que no
se materializaran?'".
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